
Alarmados. Así se mostraron pobladores asháninkas al confirmarse que la próxima semana Perú y Brasil suscribirán convenios para la construcción de seis centrales hidroeléctricas en la selva. Las generadoras de Inambari, Sumabeni, Pakitzapango y Urubamba, en la vertiente oriental de los Andes, y de Vizcatán y Cuquipampa, en el valle del Mantaro, serán el principal resultado de los acuerdos de integración energética que firmarán Alan García y Lula Da Silva el próximo 28 de abril en la reunión que tendrá lugar en el estado de Acre (Brasil). Según Ruth Buendía, de la Central Asháninka del Río Ene (CARE), “tales proyectos no se impulsan pensando en el bienestar de los pueblos que vivimos desde tiempos ancestrales en estos territorios, sino principalmente para abastecer de energía al Brasil”.
Ante la próxima firma de dichos acuerdos, la CARE inició una campaña informativa acerca de las previsibles consecuencias de la construcción de la hidroeléctrica de Pakitzapango, en la provincia de Satipo (Junín). La central eléctrica requerirá embalsar las aguas del río Ene, lo que causará impactos como la desaparición de peces aguas abajo, afectando una de las principales fuentes de alimentos de los pobladores, y la inundación de tierras de las comunidades. Según la CARE, al menos 10 comunidades nativas se verían severamente afectadas directamente por la pérdida de terrenos cultivables.
La inversión requerida para la ejecución de estas obras es de unos 4 mil millones de dólares, financiados por el Estado brasilero y que serán asumidos finalmente por empresas privadas y estatales. Los acuerdos también están siendo cuestionados por motivos económicos, ya que el Perú solo se beneficiaría con un 10% de la energía generada por estas centrales, mientras que el 90% iría a alimentar la red eléctrica brasilera.
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