Alerta Perú

Miércoles 08 de Setiembre de 2010

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Apuntes sobre corrupción o El águila no caza moscas

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Giancarlo Castiglione, coordinador del área de Desarrollo Social Participativo de FSP

Usualmente solemos escuchar que la corrupción es uno de los principales problemas que aquejan al país y se percibe que este es un fenómeno generalizado a todo nivel. De ahí también la tolerancia generalizada que existe, que incluso signifique que personajes ligados a la corrupción encabecen las preferencias electorales en los niveles nacionales y locales, abonando a la percepción que no importa que robe con tal que haga obra.

Si bien desde el gobierno se han realizado campañas como “A la Policía se le respeta”, y se viene poniendo énfasis en el tema de combatir la micro corrupción en los servicios de salud, educación, justicia entre otros, sin embargo creemos que mientras persista un clima de impunidad lo que se haga para combatir la corrupción “cotidiana” no tendrá mayor relevancia.

¿Cómo combatir la corrupción de pequeña escala cuando hay impunidad en los altos niveles? Este tema viene a colación con el naufragio de lo que significó la comisión Luizar, dejando fuera de borda las consecuencias políticas y judiciales de los petroaudios a los socios y aliados del gobierno.

El fondo de este caso es cambiar la atención de los esfuerzos de identificar a los implicados en el faenón petrolero para centrarse en sancionar a los responsables del chuponeo o a los “malditos chuponeadores”, para utilizar la expresión presidencial.

Así es como empezamos a olvidarnos de don Bieto y Romulito que, de ser figuras estelares, se convierten en actores secundarios para poner los ojos sobre Ponce Feijoo. Pero cuando se descubre que el jefe de los chuponeadores ha tenido contacto con prominentes personajes del partido de gobierno así como con Carlos Raffo, uno de los encargados de boicotear las diferentes comisiones investigadoras sobre el tema, la sensación de que hay algo que huele mal y que quiere ser ocultado.

Resulta complicado, por decir lo menos, sancionar severamente a quienes protagonizan actos cotidianos de micro corrupción, cuando los protagonistas de faenones y desfalcos de diversa índole pasan por agua tibia o se saca normatividad ad hoc para beneficiarlos (como los grilletes electrónicos, por ejemplo, cuya votación fue promovida activamente por Lucianita León)

Una gran rigidez abajo y una tremenda permisividad en las altas esferas termina generando la sensación de que el embudo es ancho para los que más tienen y angosto para quienes menos tienen. Así, se refuerza la percepción de una ciudadanía de primera, segunda y hasta de tercera clase, que en última instancia mina la credibilidad y la institucionalidad democrática del país haciendo realidad el dicho “para mis amigos todo, para mis enemigos la ley”.

 

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* Los artículos reflejan la opinión de sus autores y no necesariamente coinciden con la de Alerta Perú ni Forum Solidaridad Perú.

Alegría y revolución (o El Carnaval y la Repre)

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Paul E. Maquet, editor de Alerta Perú
http://lapalabraingenua.blogspot.com/

La estúpida (perdón, pero no hay otra palabra) intervención de la Policía en el carnaval de Barranco la noche de ayer parece haberme regresado la capacidad de escribir que la propia Policía me había quitado el año pasado con su triste, trágica, confusa y también estúpida intervención en Bagua.

Brevemente, los hechos. Barranco, Lima, aproximadamente 10 de la noche del último sábado de febrero. Como ocurre desde hace cinco años, un grupo de vecinos festejaba el carnaval en la vía pública. La Municipalidad no había autorizado la fiesta, y no tuvo mejor idea que mandar a la Policía para desalojarlos. En cinco minutos, los gases lacrimógenos y las cachiporras hicieron lo suyo. Niños llorando por la asfixia, amigos golpeados y algunos detenidos. Fin de fiesta en frente de la Comisaría, a pocas cuadras: decenas reclamábamos a ritmo de tambores la libertad de los “compañeros”, que finalmente salieron cerca de la medianoche. Videos y mejores narraciones de lo que pasó se pueden encontrar aquí, aquí, aquí y aquí.

¡Hasta dónde ha llegado la conciencia represiva en Lima! El alcalde de Barranco no quiere que sus vecinos bailen en la calle (¿será suya, la calle?). El alcalde de Miraflores no quiere que la plaza principal de su distrito sea usada por las familias para recibir el año nuevo, no quiere que los vecinos toquen tambores y bailen en un parque público, no quiere que los muchachos practiquen deporte en otro parque público, no quiere que la gente se quede parada inmóvil en la calle (haciendo de estatuas humanas)... Vamos, en resumen ¡no quiere nada! Y claro, el alcalde de Lima hace obras sin preguntarle a nadie, tala árboles plantados por los vecinos de Chorrillos, no le importa ni un comino la opinión de los barranquinos, quiere desalojar a los vecinos de la margen izquierda para hacer otra pista más, rebana San Marcos sin presentar el proyecto previamente a los estudiantes y profesores sanmarquinos...

¿Sorprendido? No, no me puedo mostrar sorprendido. Hace ya casi diez años que el principal espacio público de Lima Metropolitana, la Plaza Mayor, está secuestrada. Nadie, sólo Castañeda, Alan García, Alejandro Toledo (en su época) o los amigos de estos, pueden usarla. Los ciudadanos de Lima no pueden hacer marchas, caminatas, plantones, vigilias, nada de nada. Sólo se puede hacer marchas a favor de Bush y a favor de la pena de muerte, o fiestas organizadas por la Municipalidad. Es decir, no es un espacio público: se ha convertido en un espacio privado propiedad de los dueños del poder. Pero lo que me preocupa no es que el poder quiera privatizar los espacios que son de todos, sino que los limeños ¡no reaccionamos! Recuperar la Plaza Mayor, por ejemplo, debería ser tarea prioritaria del movimiento social de Lima, si tal cosa existiera. Si nos quitaron la principal plaza de la capital tan fácilmente, ¿cómo sorprendernos de que nos quieran quitar hasta el último parque del barrio?

Ayer, mientras unas 50 personas hacíamos barullo en la escalera de la Comisaría, traté de conversar con algunos Policías para saber su opinión respecto a su intervención. La pregunta que les hacía les generaba a algunos risas y a otros molestias: ¿se imagina usted desalojando el carnaval de Cajamarca, de Apurímac, de Ayacucho? ¿El carnaval de Río, tal vez? Es, evidentemente, algo ridículo. Pero en Lima parece ser no tan ridículo: en Lima ocurre. Es imposible no relacionar la falta de audacia que tenemos los limeños para usar y defender nuestras fiestas callejeras con la falta de audacia que tenemos para defender nuestros derechos y nuestra dignidad más básicas. O al revés: la naturalidad con la que los cajamarquinos, los apurimeños o los ayacuchanos celebran sabiendo que la calle es suya tiene que ver con el hecho de que sepan levantarse cuando es necesario. Mientras los limeños no recuperemos nuestro derecho a usar alegremente nuestras propias calles y plazas, seguiremos siendo la ciudad más conservadora y conformista del país, y seguiremos desenganchados del agitado proceso social de las regiones.

Lo mismo pasa cuando comparamos Lima con otras ciudades de Latinoamérica. En Sao Paulo, he visto a decenas de chicos practicar skate en uno de los parques principales, justo al ladito del Museo de Arte Moderno. En Santiago, me han contado que los niños pueden bañarse en las piletas públicas. En Cochabamba, la plaza central está permanentemente ocupada por grupos que exponen sus ideas y las debaten con los transeúntes. ¡Con razón que Latinoamérica se ha levantado y, mal que bien, está empezando a caminar por otros rumbos!

Es evidente que en este caso específico -Barranco- hay una pésima gestión del señor Toño Mezarina, alcalde que se quiere hacer el “defensor” de los vecinos. ¿El carnaval molestaba a algunos vecinos de la calle? Perfecto, se negocia con los organizadores y se llega a un acuerdo para realizar la fiesta en otro lado, por ejemplo en la misma Plaza de Armas. ¿Le preocupa el escándalo, el trago, o tal vez la droga? Perfecto también: al llegar a un acuerdo con los organizadores, se puede establecer algunas reglas de juego al respecto, y los que deseen tener su “zona liberada” pueden hacerlo más discretamente en cualquier calle, como sucede todos los fines de semana. Aquí hay un alcalde que no ha comprendido que la iniciativa de algunos vecinos de institucionalizar una fiesta de carnaval como la que existe en casi todas las ciudades del Perú era una oportunidad para el distrito, no un problema.

Pero más allá de la falta de criterio del señor Mezarina, hay un problema de fondo más grave: los alcaldes, la Policía y el sentido común asentado en Lima consideran que el espacio público no está allí para ser usado libre y creativamente por los ciudadanos, sino sólo para ser usado como al poder le parece. La privatización de las empresas públicas fue un primer paso. La privatización de derechos como la salud y la educación, y de los recursos de todos como la selva o el agua, es un segundo paso más grave. Pero la privatización de nuestras mentes, de nuestras conciencias, es el último y definitivo paso. Ojalá que las revueltas aún pequeñas de estas semanas en Barranco, Miraflores y Cercado sean un germen de una revuelta mayor en Lima que reivindique el sentido de lo público, el sentido de comunidad que nos ha sido arrebatado por 20 años de (neo)liberalismo.

Nota: el documento original ha sido elaborado con el procesador de textos de OpenOffice usando Ubuntu como sistema operativo, y ha sido colgado usando Firefox como navegador. Todos son sistemas de software libre con código abierto y elaborados colectivamente por la comunidad de usuarios a nivel mundial. Otra economía, cooperativa, libre y solidaria, no solo es posible: ¡ya está siendo construida!

 

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* Los artículos reflejan la opinión de sus autores y no necesariamente coinciden con la de Alerta Perú ni Forum Solidaridad Perú.

Alegría y revolución

La estúpida (perdón, pero no hay otra palabra) intervención de la Policía en el carnaval de Barranco la noche de ayer parece haberme regresado la capacidad de escribir que la propia Policía me había quitado el año pasado con su triste, trágica, confusa y también estúpida intervención en Bagua.

Brevemente, los hechos. Barranco, Lima, aproximadamente 10 de la noche del último sábado de febrero. Como ocurre desde hace cinco años, un grupo de vecinos festejaba el carnaval en la vía pública. La Municipalidad no había autorizado la fiesta, y no tuvo mejor idea que mandar a la Policía para desalojarlos. En cinco minutos, los gases lacrimógenos y las cachiporras hicieron lo suyo. Niños llorando por la asfixia, amigos golpeados y algunos detenidos. Fin de fiesta en frente de la Comisaría, a pocas cuadras: decenas reclamábamos a ritmo de tambores la libertad de los “compañeros”, que finalmente salieron cerca de la medianoche. Videos y mejores narraciones de lo que pasó se pueden encontrar aquí, aquí, aquí y aquí.

¡Hasta dónde ha llegado la conciencia represiva en Lima! El alcalde de Barranco no quiere que sus vecinos bailen en la calle (¿será suya, la calle?). El alcalde de Miraflores no quiere que la plaza principal de su distrito sea usada por las familias para recibir el año nuevo, no quiere que los vecinos toquen tambores y bailen en un parque público, no quiere que los muchachos practiquen deporte en otro parque público, no quiere que la gente se quede parada inmóvil en la calle (haciendo de estatuas humanas)... Vamos, en resumen ¡no quiere nada! Y claro, el alcalde de Lima hace obras sin preguntarle a nadie, tala árboles plantados por los vecinos de Chorrillos, no le importa ni un comino la opinión de los barranquinos, quiere desalojar a los vecinos de la margen izquierda para hacer otra pista más, rebana San Marcos sin presentar el proyecto previamente a los estudiantes y profesores sanmarquinos...

¿Sorprendido? No, no me puedo mostrar sorprendido. Hace ya casi diez años que el principal espacio público de Lima Metropolitana, la Plaza Mayor, está secuestrada. Nadie, sólo Castañeda, Alan García, Alejandro Toledo (en su época) o los amigos de estos, pueden usarla. Los ciudadanos de Lima no pueden hacer marchas, caminatas, plantones, vigilias, nada de nada. Sólo se puede hacer marchas a favor de Bush y a favor de la pena de muerte, o fiestas organizadas por la Municipalidad. Es decir, no es un espacio público: se ha convertido en un espacio privado propiedad de los dueños del poder. Pero lo que me preocupa no es que el poder quiera privatizar los espacios que son de todos, sino que los limeños ¡no reaccionamos! Recuperar la Plaza Mayor, por ejemplo, debería ser tarea prioritaria del movimiento social de Lima, si tal cosa existiera. Si nos quitaron la principal plaza de la capital tan fácilmente, ¿cómo sorprendernos de que nos quieran quitar hasta el último parque del barrio?

Ayer, mientras unas 50 personas hacíamos barullo en la escalera de la Comisaría, traté de conversar con algunos Policías para saber su opinión respecto a su intervención. La pregunta que les hacía les generaba a algunos risas y a otros molestias: ¿se imagina usted desalojando el carnaval de Cajamarca, de Apurímac, de Ayacucho? ¿El carnaval de Río, tal vez? Es, evidentemente, algo ridículo. Pero en Lima parece ser no tan ridículo: en Lima ocurre. Es imposible no relacionar la falta de audacia que tenemos los limeños para usar y defender nuestras fiestas callejeras con la falta de audacia que tenemos para defender nuestros derechos y nuestra dignidad más básicas. O al revés: la naturalidad con la que los cajamarquinos, los apurimeños o los ayacuchanos celebran sabiendo que la calle es suya tiene que ver con el hecho de que sepan levantarse cuando es necesario. Mientras los limeños no recuperemos nuestro derecho a usar alegremente nuestras propias calles y plazas, seguiremos siendo la ciudad más conservadora y conformista del país, y seguiremos desenganchados del agitado proceso social de las regiones.

Lo mismo pasa cuando comparamos Lima con otras ciudades de Latinoamérica. En Sao Paulo, he visto a decenas de chicos practicar skate en uno de los parques principales, justo al ladito del Museo de Arte Moderno. En Santiago, me han contado que los niños pueden bañarse en las piletas públicas. En Cochabamba, la plaza central está permanentemente ocupada por grupos que exponen sus ideas y las debaten con los transeúntes. ¡Con razón que Latinoamérica se ha levantado y, mal que bien, está empezando a caminar por otros rumbos!

Es evidente que en este caso específico -Barranco- hay una pésima gestión del señor Toño Mezarina, alcalde que se quiere hacer el “defensor” de los vecinos. ¿El carnaval molestaba a algunos vecinos de la calle? Perfecto, se negocia con los organizadores y se llega a un acuerdo para realizar la fiesta en otro lado, por ejemplo en la misma Plaza de Armas. ¿Le preocupa el escándalo, el trago, o tal vez la droga? Perfecto también: al llegar a un acuerdo con los organizadores, se puede establecer algunas reglas de juego al respecto, y los que deseen tener su “zona liberada” pueden hacerlo más discretamente en cualquier calle, como sucede todos los fines de semana. Aquí hay un alcalde que no ha comprendido que la iniciativa de algunos vecinos de institucionalizar una fiesta de carnaval como la que existe en casi todas las ciudades del Perú era una oportunidad para el distrito, no un problema.

Pero más allá de la falta de criterio del señor Mezarina, hay un problema de fondo más grave: los alcaldes, la Policía y el sentido común asentado en Lima consideran que el espacio público no está allí para ser usado libre y creativamente por los ciudadanos, sino sólo para ser usado como al poder le parece. La privatización de las empresas públicas fue un primer paso. La privatización de derechos como la salud y la educación, y de los recursos de todos como la selva o el agua, es un segundo paso más grave. Pero la privatización de nuestras mentes, de nuestras conciencias, es el último y definitivo paso. Ojalá que las revueltas aún pequeñas de estas semanas en Barranco, Miraflores y Cercado sean un germen de una revuelta mayor en Lima que reivindique el sentido de lo público, el sentido de comunidad que nos ha sido arrebatado por 20 años de (neo)liberalismo.

 

Nota: el documento original ha sido elaborado con el procesador de textos de OpenOffice usando Ubuntu como sistema operativo, y ha sido colgado usando Firefox como navegador. Todos son sistemas de software libre con código abierto y elaborados colectivamente por la comunidad de usuarios a nivel mundial. Otra economía, cooperativa, libre y solidaria, no solo es posible: ¡ya está siendo construida!

Última actualización el Lunes, 01 de Marzo de 2010 16:15

A propósito de la reforma legal en políticas de drogas

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Drogas y DDHH

Ricardo Soberón, abogado y Director del Centro de Investigación “Drogas y DDHH” (CIDDH)

Entre el 6 y el 8 de febrero del 2010 se realizaron en Lima tres importantes eventos para discutir la necesidad de revisar profundamente las estructuras de las políticas públicas basadas -exclusiva o preferencialmente- en la prohibición penal para controlar el fenómeno de las drogas y sus impactos por delitos, salud, economía, seguridad y orden público.

En el primero, un grupo regional de especialistas latinoamericanos se reunió en Punta Negra para mostrar sus avances de una investigación que tiene como objetivo mostrar el impacto de los delitos por tráfico ilícito de drogas (TID) en el problema del hacinamiento carcelario, en siete países de América Latina.

Después de unos meses, se está confirmando la hipótesis que indica que la mezcla de legislación penal abierta y autoridades policiales y fiscales que la aplican con rigor y sin discrecionalidad, es una “bomba de tiempo” para la Justicia, las policías y el sistema carcelario. Especialmente hay  dos “cuellos de botella” que deben ser revisados: el escaso o nulo criterio de proporcionalidad aplicado en los propios atestados policiales, que se expresa en las acusaciones fiscales y sentencias; luego, eliminar las actuales  restricciones y las penalidades para los más de 11,000 reclusos por TID.

Este día, también se realizó la Conferencia Internacional sobre “Reforma Legal en Drogas en América Latina” en la que se describieron y analizaron los procesos de reforma que se han presentado a distintos niveles de cumplimiento y cambio en la región: nuevas leyes, Constituciones  y sentencias judiciales. Los violentos enfrentamientos del Estado con el crimen organizado (México), los grupos irregulares (Colombia) y otros de tipo criminosos (Brasil), son un reto fundamental; de otro lado, las políticas y presupuestos de la Organización de Naciones Unidas, UE y EEUU, se convierten en un facto limitante de las políticas nacionales.

Retomamos tres aspectos señalados en la conferencia que afectan profundamente la situación en el caso del Perú: uno, la necesidad de revisar los tipos penales actuales, de medir/evaluar el funcionamiento de las agencias operadoras1, discutir permanentemente en plenos jurisdiccionales sobre las grandes líneas de política judicial. El próximo gobierno debe reducir y hacer más eficiente su sistema criminal en drogas.

Un segundo aspecto, es que frente a los extremos teóricos entre prohibición y legalización, aparecen muy diversas propuestas de política  en relación a la producción, el uso, incluso el micro comercio, bajo reglas más sensatas y realistas. Finalmente, la necesidad de definir mejor la figura y la práctica policial en relación al uso, posesión para el uso, de sustancias declaradas ilícitas.

En los últimos días, los diversos medios de comunicación han “recogido el guante” y han publicado diversos especiales y artículos, abriendo el debate con gente como Vargas Llosa, Diego García Sayán, el alcalde de Surquillo y líderes de opinión como PPK y Bayly. En los propios movimientos y colectivos de izquierda, se permea el debate sobre las drogas y los temas que están detrás: exclusión y marginación urbana, y pobreza rural. El movimiento cocalero está en camino de organizarse políticamente. Por otro lado, en una reciente encuesta El Comercio, el 15 de enero decía que el 75% de las personas preguntadas, dijeron que estaban contra la legalización. Cuando se desinforma desde una pregunta de encuesta, se obtienen esos resultados. Ello demuestra pues, la necesidad de incluir el tema en el debate político.

El tercer evento, en la noche del 8 de febrero, se refiere a la presentación del trabajo de la “Comisión Latinoamericana Drogas y Democracia” a partir de una presentación de uno de sus miembros, Diego García Sayán quien hizo una disección de los principales problemas relacionados a las políticas tradicionales y los principales hallazgos de la Comisión: necesidad de romper paradigmas, romper el silencio y hacer propuestas contundentes para reducir el peso de las políticas penales. Posteriormente desde el punto de vista jurídico, antropológico y periodístico participaron Rodrigo Uprimny (Colombia), Anthony Henman y Gustavo Gorriti.

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* Los artículos reflejan la opinión de sus autores y no necesariamente coinciden con la de Alerta Perú ni Forum Solidaridad Perú.

Última actualización el Jueves, 18 de Febrero de 2010 15:18

El Grupo Nacional de Presupuesto Público o la construcción de un sujeto social

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Giancarlo Castiglione, coordinador del área de Desarrollo Social Participativo de FSP
18/02/2010

Hace ya casi dos años la Red Jubileo Perú en el marco de su mandato redefinió su traajo en función de dos ejes articuladores, la justicia económica (aspecto fundacional de la Red) y la justicia climática, tema que ha venido cobrando mayor vigencia en los últimos años y que reviste capital importancia dado que está relacionado con algo tan fundamental como la sobrevivencia de la especie humana.

Para darle forma organizativa al tema de justicia climática se impulsó el denominado Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC), buscando convertirse en un espacio de carácter movilizador con amplios sectores de la sociedad, buscando sensibilizarlos frente a este problema.

En lo referente al tema de justicia económica, dándole continuidad al acumulado que ya contaba la Red Jubileo en el tema y en la perspectiva de las campañas orientadas a poner el presupuesto público al servicio de las personas se constituyó el Grupo Nacional de Presupuesto Público (GNPP).

El GNPP se formó frente a la creencia que los aspectos presupuestarios son sólo para los economistas y técnicos, la apreciación de los integrantes de la Red Jubileo era que este tema antes que  técnico tenía un carácter profundamente político y en definitiva impactaba de manera profunda en la calidad de vida de las personas.

Es así que se plantea generar un espacio amplio, no sólo de técnicos y especialistas, sino fundamentalmente conformado por gente de diversas experiencias y organizaciones sociales ligadas a grupos concretos de la población como los adultos mayores, los comedores populares, los vasos de leche, los grupos relacionados al tema de la vivienda, las municipalidades rurales, representantes de los frentes regionales, las centrales campesinas, trabajadores en sus diferentes expresiones, así como una diversidad de expresiones organizativas.

En el tiempo que viene funcionando el espacio el mayor logro del mismo es haber roto el mito que el presupuesto es un tema de especialistas, se creó una propuesta totalmente alternativa de presupuesto al elaborado por el Ministerio de Economía y Finanzas, pero lo fundamental es que fue trabajado en función a las propuestas y necesidades de los diferentes grupos poblacionales presentes, un Presupuesto General de la República totalmente participativo, como creemos que éste debe ser.

El logro del año pasado fue tener un dictamen en minoría. Este año el GNPP se ha propuesto realizar un trabajo orientado a revisar la necesidad de generar una necesaria reforma tributaria donde los que más tienen, más tributen de modo tal que se puedan financiar las clamorosas demandas de la población.

¿Recuerdan ustedes que en campaña el tema era el del impuesto a las mineras y luego fue cambiado por el “óbolo voluntario”? Para hacer frente a este tipo de cosas se requiere forjar un actor social pujante y vigoroso que ayude a redefinir si el centro de la actuación del Estado debe ser la promoción de las inversiones o mejorar la calidad de vida de las personas.

Más información: http://presupuestoalternativo.blogspot.com/

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* Los artículos reflejan la opinión de sus autores y no necesariamente coinciden con la de Alerta Perú ni Forum Solidaridad Perú.

La relación entre la ciencia y la intolerancia

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Héctor Huerto Vizcarra, historiador y magíster en Ciencias Políticas. Profesor de la UCSS.
http://marcayuq.wordpress.com
16/02/2010

La ciencia que surgió en su momento como una potente arma contra el oscurantismo religioso parece encubrir entre sus cimientos fuertes rasgos autoritarios e intolerantes. Esta idea me viene a la mente a raíz de un excelente artículo de Moisés Naím aparecido el domingo pasado en El País, “¿Por qué tantos terroristas son ingenieros?”, cuyo título es parecido al texto que hace alusión en todo momento, publicado en inglés en la Revista Europea de Sociología (*European Journal of Sociology) por Diego Gambetta y Steffen Hertog: “Why are there so many Engineers among Islamic Radicals?”. Aunque vale la pena advertir que Naím incurre en ciertas inexactitudes con relación al trabajo de Gambetta y Hertog.

El ensayo en mención plantea que en un universo de 404 extremistas islámicos identificados en 30 países y provenientes de 9 organizaciones grandes y de una docena de pequeños grupos musulmanes, tan sólo pudieron encontrar 196 personas que siguieron una educación superior [2] De estas 196 personas sólo encontraron los datos específicos sobre la profesión estudiada en 178 casos. Lo sorprendente es que de estos 178 casos, 78 extremistas islámicos estudiaron ingeniería, es decir, el 44%. La cifra es asombrosa, incluso si sacamos el porcentaje general en relación a los 404 casos iniciales, que vendría a ser el 19%. Sobre todo si tomamos en cuenta que el porcentaje de ingenieros en los países musulmanes con respecto a su población total es del 3.5%. Es decir, estos países no tienen muchos ingenieros pero a pesar de eso, hay muchos ingenieros involucrados con el terrorismo islámico. ¿Por qué?

Gambetta y Steffen plantean que esto se debe a la conjunción de dos factores, que no pueden desligarse entre sí: al tipo particular de mentalidad que tienen las personas que optan por estudiar ingeniería y a los factores sociales y económicos que encuentran los ingenieros en los países predominantemente musulmanes, especialmente los de oriente medio. Con respecto a lo primero, señalan que la carrera de ingeniería atrae mayormente a individuos de mentes cerradas, proclives a buscar respuestas cortas y contundentes a sus preguntas, ya que la ambigüedad los hace sentir incómodos. En ese sentido, políticamente suelen optar por posiciones conservadoras que postulan un orden social fuerte y jerarquizado. En lo segundo, fundamentan que desde los años setenta en los países islámicos, con la excepción de Arabia Saudita, los ingenieros han ido perdiendo su estatus social y económico, debido a severas crisis económicas y a la corrupción de sus estados. El detonante de estos factores, afirman, pudo ser el autoritarismo de los gobiernos islámicos que radicalizó a este sector de la población.

Ciertamente este planteamiento es bastante polémico y puede ser muy cuestionado por el uso de fuentes tan diversas como insuficientes de las que hacen gala los autores. Sin embargo, resulta muy sugestivo y también esclarecedor, puesto que no se trata de un tema fácil de abordar, especialmente cuando se trata de recoger información factible a ser analizada, tanto cualitativa como cuantitativamente. Por tanto, lo que más me interesa, yendo más allá del caso de los ingenieros y del islamismo radical, es aquella propensión a la intolerancia que se encuentra en determinadas disciplinas y que se relacionan con el principio de la “verdad”, o yendo de la mano del ensayo que hago mención, con las respuestas simples y claras.

Para comprender a nuestra realidad circundante, o mejor dicho, para responder a las preguntas que nos asaltan cuando intentamos entender dicha realidad, es bastante improbable encontrar una respuesta simple y contundente. A menos que estemos preguntando por una fecha o por la suma de dos cantidades. Los procesos sociales en los que nos vemos inmersos muy difícilmente pueden ser analizados como si estuviéramos en un laboratorio, en donde podemos diseccionar (variables independientes) partes de una rana (realidad a estudiar). O como si estuviéramos sumando o restando. Esto es muy difícil de comprender para algunos politólogos y para mucha gente más que piensa que la complejidad de una respuesta es caer en el relativismo de no tener “una verdad” o “verdades”.

Las verdades no son estados inmutables del conocimiento, sino más bien consensos sociales, proclives a variar con el tiempo y siempre en relación a las nuevas investigaciones o a los inesperados hallazgos que realizan los diferentes investigadores. En ese sentido, no es algo inmutable que Túpac Amaru II sea considerado como un precursor de nuestra independencia, puede surgir alguna investigación en el futuro que llegue a demostrar que en realidad sólo quería obtener ciertas prebendas de la corona española, y nunca quiso la independencia del Perú de España. Esto es un ejemplo y no es algo que se haya siquiera planteado hasta el momento.

Hay que tomar en cuenta que a pesar de lo que dice mi provocador título, las ciencias no son las únicas proclives a la intolerancia o al autoritarismo. Tal como lo mencionan Gambetta y Steffen en su ensayo, en las organizaciones de izquierda radical en el mundo y a lo largo de la historia han predominado médicos, abogados y profesionales procedentes de las humanidades. No hay que olvidar que “la cuarta espada del comunismo internacional”, Abimael Guzmán, fue un prominente filósofo, antes de desatar el terror y la muerte en nuestro país. Por tanto, recomiendo ser más cautos y críticos cuando nos enteremos de alguna “verdad universal” y cuando asumamos posiciones personales, políticas y profesionales que nos “obliguen” a buscar respuestas cortas y contundentes. Casi nunca las hay.

[2] Tan sólo encontraron información relativa a su nivel educativo en 284 casos de los 404.

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* Los artículos reflejan la opinión de sus autores y no necesariamente coinciden con la de Alerta Perú ni Forum Solidaridad Perú.

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