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Inambari: costos para el Perú, beneficios para Brasil

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Carlos Bedoya, Red Jubileo Perú
Tomado de la Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos (LATINDADD)
Escrito el 23/04/2010

Para nadie es un secreto que en el Perú se van a construir grandes centrales hidroeléctricas. La primera de ellas, la Central Hidroeléctrica de Inambari, ha causado el rechazo de sectores sociales y académicos, tanto en torno a sus impactos sociales y ambientales, como a la pésima negociación de nuestros recursos energéticos con Brasil.

La semana pasada, la Empresa de Generación Eléctrica Amazonas Sur (conformada por las empresas brasileñas, OAS, Furnas y la estatal Electrobras), que está a cargo del proyecto de la Central Hidroeléctrica de Inambari (Proyecto Inambari), informó a la opinión pública que en breve pedirá la prórroga de su concesión temporal al Ministerio de Energía y Minas, por no haber obtenido la licencia social que requiere un obra de esta magnitud, pues supone la reubicación de miles de personas.

Es que el paro preventivo de 48 horas, realizado en Puno a comienzos de marzo, dio la alerta con movilizaciones, ausencia de transporte y cierre total del comercio, del conflicto social que viene con una represa de las dimensiones que plantea construir la central hidroeléctrica más grande del Perú y la quinta en toda América Latina.

Son más de 40 mil hectáreas de bosque amazónico que se inundarán para obtener los 2000 megavatios de capacidad de generación de energía que promete Inambari, el doble de la Central Hidroeléctrica del Mantaro (la más grande del Perú hasta hoy).

Y si bien, es innegable garantizar la seguridad energética del Perú, los costos siempre deben ser menores que los beneficios y los proyectos como éste deben responder a una visión de país resguardando los intereses nacionales. Esto no es lo que ocurre con Inambari. Veamos.

Cero planificación

Hace apenas 6 días, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones aprobó el trazo alternativo para la Carretera Interoceánica Sur propuesto por Egasur. La razón se centra en que la represa necesaria para desarrollar el Proyecto Inambari, inundará 106.1 Km del lugar por donde pasan los tramos 2,3 y 4 de la, aún no concluida, carretera que nos unirá con Brasil.

Es como para reírnos de nosotros mismos constatar que estos dos megaproyectos de infraestructura de la Macroregión Sur no tienen la menor planificación estatal y ni siquiera se articulan entre sí. Mucho menos podremos tener alguna certeza de cómo es que ambas obras se enganchan a un plan de desarrollo del sur del país.

Si a esto agregamos que la carretera interoceánica sur no tuvo expediente técnico cuando se presupuesto en 810 millones de dólares, y luego terminó costando casi el doble, se nos presenta por lo menos una preocupación cuando vemos la premura y la ausencia de un debate transparente en el desarrollo de este proyecto, justificado en la imagen que proyecta una mega obra especialmente en alianza con un grande como Brasil. Y ojo que el Proyecto Inambari ya se ha calculado inicialmente en 4 mil millones de dólares. Costo que financiará Brasil pero que pagaremos los peruanos con la energía que allí se produzca.

Costos y beneficios

Según nos dijo el especialista Francisco Santa Cruz en la Conferencia Nacional de Desarrollo Social 2009, el 5% del proyecto Inambari ocupa la zona de amortiguamiento del Parque Natural Bahuaja Sonene y la deforestación de las 40 mil hectáreas de bosque tendrán efectos ambientales importantes, pues la modificación del cauce del Río Inambari y la remoción de tierras afectarán los procesos ecológicos.

Para el ingeniero Carlos Herrera Descalzi, los beneficios tienen que ver con la energía hidroeléctrica y los costos con los conflictos sociales y la pérdida de biodiversidad (desaparición de fauna y flora), al tiempo que perderemos millones en el mercado de carbono, creado en el marco de las acciones mundiales frente al cambio climático.

Y sabiendo que el Proyecto Inambari se hace en el marco de un acuerdo con Brasil, diversos especialistas, políticos y dirigentes sociales señalan que la negociación con el gigante sudamericano ha sido tan mala que nos deja a nosotros con los impactos ambientales y sociales, y al Brasil con beneficios colaterales y afianzamiento hidroeléctrico.

Negociación con Brasil

Brasil está construyendo dos Centrales Hidroeléctricas en el Río Madeira (Rondonia), llamadas San Antonio y Jirao. Ambas han generado continuos conflictos sociales, los mismos que no han sido tomados en cuenta para avanzar en este proyecto pues la capacidad de producir casi 6 mil megavatios de electricidad (entre las dos centrales) pesa más debido a la creciente demanda energética brasileña. De otro lado, proyecta la Central Hidroeléctrica de Belo Monte, en el río Xingú, en el estado de Pará, con una capacidad de generación de 10 mil megavatios. En este caso se ha desatado un gran conflicto y no hay como obtener licencia social, aunque como en el caso del Río Madeira, todo hacer pensar que se impondrá.

El analista Alberto Quintanilla, en su reciente artículo “Brasil quiere construir sus represas en el Perú” sostiene que las estas 3 centrales hidroeléctricas necesitan sistemas de afianzamiento hídrico, es decir de grandes represas adicionales de agua que ya no podrían construir en su territorio por la gran conflictividad social que generarían. En el caso de las represas del Rio Madeira, decidieron hacer las represas en Bolivia, pero el gobierno de Evo Morales no aceptó. En el Perú, la cosa cambió, pues las autoridades dieron luz verde desde el inicio.

Para este propósito en mayo del 2008, se firmó en Lima, el Convenio de Integración Energética entre Perú y Brasil a fin de evaluar proyectos para la exportación de energía del Perú hacia el Brasil y en abril del año pasado, en Río Branco, Brasil se firmó un Memorando de Entendimiento, para el desarrollo de los estudios de interconexión energética.

En resumen, se está proyectando la construcción de 6 centrales hidroeléctricas en territorio peruano a fin de abastecer de energía eléctrica al Brasil (Sumabeni, Paquitzapango, Vizcatán, Cuquipampa, Inambari y Urubamba). Y como se desprende de la experiencia peruana para tratar con la inversión extranjera en los últimos años, no pocos entendidos han alertado del riesgo de terminar entregando recursos energéticos a perpetuidad al Brasil.

En primer lugar porque el sistema de construcción de hidroeléctricas en el Perú, que está pensado para centrales de 100 megavatios más o menos, supone una concesión perpetua, incluido derecho de agua, a favor de la empresa que construye la obra. Lo que es muy peligroso para el caso de Inambari, tanto por su capacidad de generación de energía (mil megavatios) como porque se trata de un proyecto de exportación. Además el consorcio concesionario “Egasur”, está formado por tres empresas brasileñas y una de ellas la estatal de la electricidad: Electrobras. Es decir, le entregamos a Brasil la central Hidroeléctrica Inambari a perpetuidad con este esquema y nuestra empresa estatal ElectroPerú queda fuera del negocio.

En segundo lugar, el supuesto de que el proyecto se paga solo, tiene algunas observaciones, si es que nos fijamos en el caso de la Central Hidroeléctrica de Itaipú (entre Paraguay y Brasil), en donde luego de 20 años, la deuda que generó su construcción se incrementó en miles de millones debido a que Paraguay está obligado a vender energía solo a Brasil a un precio mínimo, y por cierto a quien debe por la construcción de la obra.

Por ello es urgente definir una política hidroenergética y un Plan Nacional de Energía como ha propuesto el coordinador del Foro Ciudadano Sobernía Energética, Manuel Dammert.

Finalmente y luego de este breve panorama, nos preguntamos si es que el Perú necesita sí o sí el proyecto de Inambari, si es que tenemos otras opciones para garantizar nuestra seguridad energética o por lo menos debemos pensar mejor antes de vender los recursos de las siguientes generaciones.

Sin duda esto es parte de un debate público en el que, todo indica, nuestras autoridades no están para nada interesadas.

Últimas noticias de Inambari

9 de abril: El Ministerio de Energía y Minas señaló que el plazo de ampliación solicitado por la Empresa de Generación Eléctrica Amazonas Sur (Egasur) está previsto en el reglamento de la Ley de Concesiones Eléctricas, al mismo tiempo que aprobó el nuevo trazo para la Interoceánica Sur propuesto por Egasur, a fin de evitar que un tramo de dicha vía se inunde por la construcción del proyecto energético.

8 de abril: representantes de Egasur dijeron que solicitarán al Ministerio de Energía y Minas la prórroga de la concesión temporal del proyecto de generación hidroeléctrica de Inambari, al no haber obtenido la licencia social. Asimismo, señalaron que pagarían 200 millones de dólares como compensación por los impactos que generaría la ejecución de la obra.

23 de marzo: la construcción de la central hidroeléctrica de Inambari, cuya potencia instalada se estima en 2,200 megavatios sólo avanzará y será viable si el proyecto cuenta con la licencia social y ambiental de la población ubicada en la zona de influencia, según el Ministerio de Energía y Minas.

5 de marzo: Las actividades en Puno empiezan a retornar de forma paulatina a la normalidad tras culminar el paro de 48 horas convocado por gremios locales en rechazo al proyecto de la central hidroeléctrica de Inambari.

4 de marzo: Pobladores del distrito de San Gabán, en la provincia de Carabaya, llegaron a la ciudad de Puno en movilización como parte del paro de 48 horas en contra del proyecto de la central hidroeléctrica de Inambari.

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* Los artículos reflejan la opinión de sus autores y no necesariamente coinciden con la de Alerta Perú ni Forum Solidaridad Perú.

Última actualización el Jueves, 29 de Abril de 2010 09:58

¿Es desarrollado el primer mundo?

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Rafael Bautista S. Escritor boliviano, autor de “Del Estado Colonial al Estado Plurinacional"
Tomado de ALAI

La pregunta no tiene tanto la intención de estar dirigida a los países ricos sino al llamado tercer mundo; porque se trata de una pregunta que ni siquiera la imagina el llamado primer mundo (aun cuando padezca la crisis financiera, lo que procura como salida proviene de la nostalgia metafísica de una opulencia siempre de carácter infinito). Los países ricos son incapaces de cuestionar aquello que persiguen de modo ciego e irresponsable. Por eso el desarrollo, para ellos, se constituye en algo sagrado; por aquello que consideran sagrado están dispuestos a sacrificar a todo el planeta. En 1550, Domingo de Santo Tomas, a cuatro años del descubrimiento de la mina del Potosí, ya anunciaba la existencia de “una boca del infierno”, donde los españoles sacrificaron millones de almas “a su nuevo dios que es el oro”.

En la actualidad, el neoliberalismo produjo el milagro que espera el “greed is good/God” (la codicia ya no era sólo buena sino que era el nuevo ídolo): que el 5% más rico posea más que todo el 95% restante. La riqueza del primer mundo, desde la invasión y conquista del Nuevo Mundo, tiene un precio: la producción sistemática de miseria planetaria. Por eso la pregunta debemos hacerla, con preferencia, al sur, porque ¿cómo podría el beneficiario del robo pensar siquiera en cuestionar el robo?

Se trata, entonces, de un cuestionamiento que, de modo reflexivo, deben realizarse, a sí mismos, los pueblos empobrecidos del planeta. Para que haya desarrollo en el primer mundo, éste debe producir subdesarrollo en el resto del mundo; es decir, condición para el desarrollo de ellos, ha sido y es el subdesarrollo nuestro. No hay riqueza sin producción paralela de miseria; porque los indicadores de riqueza se mueven en una infinitud siempre insatisfecha, por eso las curvas de la ganancia, del crecimiento y del desarrollo se expresan siempre en aproximaciones asintóticas al infinito (la espiral de acumulación es concéntrica, la distribución ocurre por asignación, que lo decide la oferta y la demanda; estos factores deciden la vida y la muerte de la humanidad y, ahora, del planeta). Por eso también el socialismo se encuentra en entredicho, pues si el capitalismo busca la maximización de las ganancias, el socialismo persigue índices mayores de crecimiento; ambos parten de la infinitud, pero los recursos naturales no son infinitos sino finitos. En eso consiste la falacia del desarrollo moderno; se trata de un concepto que parte de una referencia metafísica: el mito (de la ciencia moderna) del “progreso infinito”. Cuando se piensa la economía desde la infinitud, se hace, inevitablemente, abstracción de la condición humana y de la vida toda (la infinitud es posible lógicamente pero es empíricamente imposible); prescindir de la vida y de la muerte conduce a una ilusión: pensar que todo es posible, que se puede, por ejemplo, explotar a la naturaleza y a trabajo humano al infinito. El concepto de desarrollo moderno es ilusorio. Pero esta ilusión oculta algo más grave: es una ilusión que nos conduce al suicidio colectivo.

Los resultados de la Cumbre de los Pueblos cuestionan, de modo decidido, a los responsables de la crisis medioambiental (lo cual era necesario), pero el asunto sigue latente si es que los afectados no cuestionan, a su vez, sus propios afanes. Porque la tendencia conservadora (de una forma de vida, la moderna, que ha colonizado casi todos los ámbitos de la vida humana) no sólo se encuentra “arriba” sino también “abajo”. Es decir, el grado de disponibilidad a una transformación real que pueda surgir de una nueva conciencia planetaria depende, en última instancia, del grado de autoconciencia que se tenga de modo efectivo. La conciencia aparece por un entender la situación, pero entender no es todavía producir una nueva realidad; hay nueva realidad cuando la conciencia, por proceso reflexivo, ha hecho, de sí, proyecto revolucionario, es decir, cuando la conciencia se ha hecho autoconciencia y hace de su vida anticipación de lo que anuncia. La autoconciencia anticipadora constituye el espíritu revolucionario de la nueva época. Ante éste, la realidad cede, es decir, se abre, porque lo potencial de lo nuevo ha acontecido y ha transformado a la realidad toda.

La realidad defectuosa que padecemos es este sistema-mundo moderno. Es el ser que, como realidad, se nos ha impuesto; por eso hay primer mundo y tercer mundo, hay desarrollados y atrasados, hay ricos y pobres, ellos son todo, nosotros no somos nada. Desde Parménides, la filosofía de la dominación expresa: el ser es, el no ser no es (el ser es el bien absoluto, el no ser es el mal absoluto); esta es la justificación ontológica para que los ejércitos del ser “limpien” sin asco al “eje del mal”. Aquello que llamamos realidad es una producción humana; que es histórica y no como la ciencia moderna entroniza y justifica como “el único mundo posible”. El llamado fin de las ideologías apareció con este mito que se creyeron las ciencias sociales. Desde entonces, los críticos disminuyeron, y los pocos que quedaron fueron los locos que el mundo mediático se afanaba en desprestigiar (los idiotas los trataban de idiotas, los nuevos Belarminos condenaban a los nuevos Galileos).

Habíamos caído en la trampa que se hace la clase media (en todo lado): por no estar abajo se somete voluntariamente al de arriba (cree que el desastre no le va a llegar hasta que le llega, como en gringolandia). Por eso la pregunta va más allá de cuestionar una economía. Lo que contiene esa economía, la capitalista, es una forma de vida que, para hacerse efectiva, produce una racionalidad pertinente para su desarrollo. Esa racionalidad produce un conocimiento que, en cuanto ciencia y filosofía, contiene y expresa los valores últimos sobre los cuales se levanta esa forma de vida. El capitalismo nace, como sistema mundial, desde la posibilidad de la centralidad europea; expresa, gestiona y desarrolla esa centralidad: para que haya centro debe haber periferia. La constitución del resto del mundo en periferia es consustancial a la constitución de un centro. La propia constitución de la subjetividad europeo-moderno-gringo-occidental es impensable sin la des-constitución de la subjetividad del 80% de la humanidad restante. Por eso se trata de un proyecto de dominación que, para hacerse efectivo, necesita producir una racionalidad que exprese y justifique la experiencia desde la cual la dominación como proyecto de vida se hace realidad efectiva. Es el paso de la conquista a la colonización como “acto civilizatorio”. La violencia del conquistador se vuelve algo bueno, la resistencia de las víctimas algo malo; una vez que la víctima ha sido racializada como inferior entonces se naturaliza su condición: ante los ojos del dominador será siempre esclavo, atrasado, subdesarrollado, sin educación, sin cultura, sin libertad, sin democracia, por eso, sin voz ni voto en las decisiones mundiales (la compra de apoyo a las prerrogativas del G7 en las cumbres expresa eso: no son seres humanos, por eso se los puede comprar como cosas).

Esa racionalidad produce una acción racional que desarrolla, en todos los ámbitos de la vida, la reproducción sistemática del dominio, de modo hasta autóctono y doméstico. La experiencia inaugural con que nace el mundo moderno (la conquista del Nuevo Mundo), se expresa como praxis universal; la dominación aparece en todos los ámbitos de la vida descomponiendo y desarticulando toda otra forma de vida. La acción racional que produce esta racionalidad (que hace de la razón un ejercicio explicito de dominación) lo expone la ciencia como paradigma de toda acción: la acción medio-fin. La economía la traduce como costo-beneficio. Lo que provoca esto, es la objetualización de las relaciones humanas, la inevitable mercantilización de toda la vida. Se trata de una lógica nefasta (cuando regula todas las acciones humanas) que va destruyendo todo a su paso, produciendo una ética de la irresponsabilidad absoluta que, en lenguaje neoliberal, llama externalidades a todo lo que ella provoca. Si el afán de riqueza (la motivación de la ganancia) constituye el fin de toda acción humana, entonces la lógica medio-fin regula toda acción humana (los fines son siempre específicos, de modo que el actor no se interesa por nada más que no sea su fin preciso, lo cual le hace ciego de todas las consecuencias que pueda provocar su acción específica; por eso cuando persigue exclusivamente la ganancia, desaparece toda moral, y toda consideración ética se subordina al propósito que, de modo científico, ha sido calificado como racional, es decir, como verdadero, es decir, como bueno).

Por eso, detrás del concepto de desarrollo, está una acción racional que contiene, a su vez, una concepción de racionalidad, que expresa un proyecto determinado e histórico; una forma de vida que, para hacerse efectiva, ha producido las instituciones apropiadas para ordenar el mundo de acuerdo a sus intereses. El conocimiento que sostiene a esas instituciones, sostiene también a los individuos, que son (de)formados académica y mediáticamente para ser fieles de un sistema que los recicla a gusto y antojo (los genios en matemáticas son destinados a las finanzas y los nuevos investigadores a satisfacer las exigencias del mercado, las transnacionales y la guerra; importa poco las necesidades de la humanidad y de la vida en el planeta). En ese sentido, el desarrollo funciona como una prerrogativa que ni siquiera expresa necesidades humanas (menos naturales) sino necesidades corporativas; el desarrollo va ligado a la competencia, lo que hace todavía más cruel la carrera por el desarrollo; ganar o tener más que el otro se convierte en sinónimo de más desarrollado.

Ese afán expresa, precisamente, lo que el desarrollo, en esencia es; porque la competencia es sólo pensable en situación de contienda, oposición o rivalidad, además de una implícita conciencia de desigualdad, donde el aprovechamiento de ventajas y desventajas es fundamental. Es decir, el desarrollo (que se hace por competencia) es lo que proyecta una racionalidad instrumental. Por eso, cuando se tiende al cambio de modelo económico (de modo automático), como el socialista, sin la tematización de la racionalidad que presupone el nuevo modelo, se cae en la reproducción de lo mismo que se criticaba. Porque lo que hace el capitalismo, tampoco es desplazar a otros modos de producción e instaurarse como el único; ni el esclavismo, ni la economía rural, precolonial, comunal, etc., desaparecen con el capitalismo. Lo que hace la lógica del capital es descomponer los modos de producción existentes, rearticulando estos en torno a las exigencias del capital y del mercado. Pensando la posibilidad de otro modelo económico, la pregunta sería: ¿cuál vendría a ser el criterio articulador de una nueva economía?, a su vez, ¿qué concepto de racionalidad y acción racional necesitamos producir para proponer una nueva economía?

Cuando hablamos de racionalidad nos estamos moviendo, no sólo en un ámbito científico, sino en aquello que trasciende y presupone la propia ciencia: el mundo de la vida. La racionalidad del mundo que nos presupone es la racionalidad que, en última instancia, nos constituye como sujetos. Pero con la racionalidad moderna sucede algo paradójico. Ella prescinde, en sus elucubraciones, de la humanidad, del mundo y de la vida; cuando piensa, hace abstracción de la muerte y de la vida, por eso deviene en racionalidad formal, carente de todo contenido real. Por eso el conocimiento que desarrolla, en cuanto economía, se convierte en economía para la muerte; el desarrollo que propone, es desarrollo del mercado y del capital, la naturaleza y la humanidad le importa poco. Modernizar todo significa expandir el mercado (donde hay todo para comprar, hasta seres humanos, si es que se tiene dinero) y el capital; subordinarnos al mundo de las mercancías, es decir, al mundo de las apariencias (donde por tener todo acabo no teniendo nada, porque las apariencias son espejismos que provocan ilusiones que no llenan nada, sólo generan adictos insaciables; por tener todo provoco que los demás no tengan nada) ¿Qué significa modernizar el Estado, la economía, la política, sino continuar pensando desde la lógica del desarrollo, la ganancia, la competencia, el mercado y el capital?

Por eso volvemos a insistir la pregunta. Porque está bien criticar el desarrollo del primer mundo pero, si nosotros, solapadamente, pretendemos ese mismo desarrollo, es decir, ser ricos también, entonces no hay margen de disponibilidad efectiva y lo que, en verdad, proyectamos, es una recaída en lo mismo. Por ejemplo, si se efectuara la deuda climática como indemnización a los países pobres (algo similar a la mercantilización de los derechos de emisión de gases de efecto invernadero); suponiendo que los países ricos tengan tal cantidad real de dinero (no la desequilibrada impresión de dólares sin respaldo alguno que los gringos acostumbran a hacer), la pregunta necesaria que se debe realizar es la siguiente: ¿es ético recibir ese dinero? Si la riqueza producida por el primer mundo es inmoral, es decir, es dinero maldito, ¿cómo podemos creer que ese dinero sería parte de la solución? Sería algo así como creer que el dinero del asesino puede devolverle la vida a la víctima. Porque los países ricos pueden, de modo eficaz (porque los ricos siempre lo han hecho), utilizar su poder económico para comprar su absolución; en este caso, quienes vendan su alma al diablo, confirmarían que los encantos del desarrollo moderno son irresistibles.

Naomi Klein sobre cumbre en Bolivia contra el cambio climático

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Bolivia: Un nuevo movimiento sobre el cambio climático
Naomi Klein, The Nation. Traducción para La Jornada por Tania Molina Ramírez. Fuente: http://www.naomikle in.org

Cochabamba, Bolivia. Eran las 11 de la mañana y Evo Morales había transformado el estadio de futbol en un gigantesco salón de clases, y había reunido una variedad de objetos de utilería: platos de cartón, vasos de plástico, impermeables desechables, jícaras hechas a mano, platos de madera y coloridos ponchos. Todos jugaron un papel para demostrar un punto principal: para luchar contra el cambio climático necesitamos recuperar los valores de los indígenas.

Sin embargo, los países ricos tienen poco interés en aprender estas lecciones y, al contrario, promueven un plan que, en el mejor de los casos, incrementaría la temperatura global promedio en dos centígrados. Eso implicaría que se derritieran los glaciares de los Andes y los Himalaya, le dijo Morales a las miles de personas reunidas en el estadio, como parte de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. Lo que no necesitaba decir es que no importa cuán sustentablemente elija vivir el pueblo boliviano, pues no tiene el poder para salvar sus glaciares.

La cumbre climática en Bolivia ha tenido sus momentos de alegría, levedad y absurdos. Sin embargo, en el fondo, se siente la emoción que provocó este encuentro: rabia contra la impotencia.

No hay por qué sorprenderse. Bolivia está en medio de una dramática transformació n política, una que nacionalizó las industrias clave y elevó como nunca antes las voces de los indígenas. Pero en lo que se refiere a su crisis existencial más apremiante –el hecho de que sus glaciares se derriten a un ritmo alarmante, lo cual amenaza el suministro de agua en dos de las principales ciudades–, los bolivianos no pueden cambiar su destino por sí solos.

Eso se debe a que las acciones que provocan el derretimiento no se realizan en Bolivia, sino en las autopistas y las zonas industriales de los países fuertemente industrializados. En Copenhague, los dirigentes de las naciones en peligro, como Bolivia y Tuvalu, argumentaron apasionadamente en favor del tipo de reducciones a las emisiones de gases que podrían evitar una catástrofe. Amablemente les dijeron que la voluntad política en el Norte simplemente no existía. Y más: Estados Unidos dejó claro que no necesitaba que países pequeños como Bolivia fueran parte de una solución climática. Negociaría un acuerdo con otros emisores pesados a puerta cerrada y el resto del mundo sería informado de los resultados e invitado a firmar, lo cual es precisamente lo que ocurrió con el Acuerdo de Copenhague. Cuando Bolivia y Ecuador rehusaron aprobarlo en automático, el gobierno estadunidense recortó su ayuda climática en 3 millones y 2.5 millones de dólares, respectivamente. No es un proceso de a gratis, explicó Jonathan Pershing, negociador climático estadunidense. (Aquí está la respuesta para cualquiera que se pregunte por qué los activistas del Sur rechazan la idea del apoyo climático y, en cambio, demandan el pago de deudas climáticas.) El mensaje de Pershing era escalofriante: si eres pobre, no tienes derecho a priorizar tu propia supervivencia.

Cuando Morales invitó a los movimientos sociales y los defensores de la madre tierra, científicos, académicos, abogados y gobiernos, a venir a Cochabamba a un nuevo tipo de cumbre climática, fue una revuelta contra esta sensación de impotencia, fue un intento por construir una base de poder en torno al derecho a sobrevivir.

El gobierno boliviano arrancó las discusiones proponiendo cuatro grandes ideas: que se debería otorgar derechos a la naturaleza, que protejan de la aniquilación a los ecosistemas (una declaración universal de los derechos de la madre tierra); que aquellos que violen esos derechos y otros acuerdos ambientales internacionales deberían enfrentar consecuencias legales (un tribunal de justicia climática); que los países pobres deberían recibir varios tipos de compensación por una crisis que ellos enfrentan pero tuvieron poco que ver en crear (deuda climática), y que debería haber un mecanismo para que la gente en el mundo exprese sus puntos de vista sobre estos temas (un referéndum mundial de los pueblos sobre cambio climático).

La siguiente etapa fue invitar a la sociedad civil global a ir discutiendo los detalles. Se instalaron 17 grupos de trabajo y después de semanas de discusión en línea se reunieron durante una semana en Cochabamba, con el fin de presentar sus recomendaciones finales al término de la cumbre. El proceso es fascinante pero lejos de ser perfecto (por ejemplo, como señaló Jim Shultz de Democracy Center, al parecer, el grupo de trabajo sobre el referendo invirtió más tiempo discutiendo si añadir una pregunta sobre abolir el capitalismo que discutiendo cómo se le hace para llevar a cabo una consulta global). Sin embargo, el entusiasta compromiso de Bolivia con la democracia participativa podría ser la contribución más importante de la cumbre.

Esto porque luego de la debacle de Copenhague un tema de discusión tremendamente peligroso se volvió viral: la verdadera culpable del fracaso era la democracia en sí. El proceso de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que da votos con el mismo peso a 192 países, simplemente era demasiado difícil de manejar. Era mejor encontrar soluciones en grupos pequeños. Hasta las voces ambientales de confianza, como James Lovelock, cayeron en la trampa: Tengo la sensación de que el cambio climático puede ser un tema tan severo como la guerra, le dijo a The Guardian recientemente. Quizá sea necesario poner a la democracia en pausa durante un tiempo. Pero en realidad son estos pequeños grupos, como el club privado que forzó el Acuerdo de Copenhague, los que han ocasionado que perdamos terreno y debilitado los acuerdos existentes, que de por sí son inadecuados. En cambio, la política de cambio climático llevada a Copenhague por Bolivia fue redactada por los movimientos sociales mediante un proceso participativo y el resultado final fue, hasta el momento, la visión más transformadora y radical.

Con la cumbre de Cochabamba, Bolivia intenta globalizar lo que logró a escala nacional e invitar al mundo a participar en redactar una agenda climática conjunta, antes del próximo encuentro sobre cambio climático de la ONU, en Cancún. En palabras del embajador de Bolivia ante Naciones Unidas, Pablo Solón, la única cosa que puede salvar a la humanidad de una tragedia es el ejercicio de la democracia global.

Si está en lo correcto, el proceso boliviano podría no sólo salvar a nuestro planeta que está calentándose, sino también a nuestras democracias en vías del fracaso. No está mal el trato.

Víctimas o ciudadanos: II Congreso Nacional de CONAVIP

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Rocío Paz Ruiz, Villa El Salvador

La detención arbitraria, la tortura, la violencia sexual, la desaparición forzada, el desplazamiento interno y demás acciones de violencia vividos en nuestro país, vinieron de la mano con una incipiente movilización de familiares en búsqueda de información sobre lo que estaba sucediendo y de justicia para las víctimas. Cuanto más avanzó la violencia y el terror, surgieron organizaciones más sólidas que comenzaron este largo camino de lucha por Verdad, Justicia y Reparación.

La organización de los afectados por la violencia política ha tenido varios momentos. El inicial, en la década de los ochenta, con las primeras detenciones y desapariciones, teniendo como organización emblemática a la Asociación de Familiares Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (ANFASEP) de Ayacucho, quienes desde el año 1983 demandaban Verdad y Justicia. Un segundo momento llegó, en la década del noventa, cuando las organizaciones de desplazados cobran mayor nivel organizativo. Se constituye así la Coordinadora Nacional de Desplazados del Perú (CONDECOREP), levantando la problemática de los desplazados; paralelamente van surgiendo otras organizaciones de desaparecidos como el Comité de Familiares Detenidos, Desaparecidos y Refugiados (COFADER), la organización de casos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), las organizaciones formadas por el programa de Apoyo al Repoblamiento (PAR) y luego por el Fondo Nacional de Cooperación para el Desarrollo (FONCODES), a fin de que las víctimas y afectados por la violencia alcancen Justicia.

Con la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) surgen muchas otras organizaciones con la expectativa de lograr atención de parte del Estado. En la actualidad, existe una importante cantidad de nuevas organizaciones en los centros poblados, motivadas a partir de la reparación colectiva que viene otorgando el Estado. Se estima que son más de 250 las organizaciones de afectados a nivel nacional.

Han habido también esfuerzos diversos para lograr una organización articulada a nivel nacional, varios intentos de Coordinadoras Nacionales para realizar acciones conjuntas. Recordemos al Frente Amplio de Familiares y Víctimas de la Violencia Política; luego a la Coordinadora Nacional de Afectados por la Violencia Política (CONAVIP). Sin embargo, en ningún momento han logrado nuclear a todas las organizaciones existentes. Los desplazados han mantenido su organización, los inocentes liberados tienen una red nacional organizada y muchas otras organizaciones no son parte de estos procesos. Un dato importante a resaltar es que la gran mayoría de población afectada no está organizada y es ajena a esta realidad.

Aún teniendo en cuenta esta realidad se ha notado una presencia importante de las organizaciones en su demanda por Verdad, Justicia y Reparación. Los familiares y las víctimas han salido a las calles organizando marchas nacionales, ejerciendo presión permanente mediante plantones y vigilias, y han dado una dura batalla por la aprobación de presupuesto para las reparaciones económicas individuales. Pero, en un contexto variable, de avances y retrocesos en materia de judicialización, de implementación de reparaciones y del proceso de memoria, hace falta mayor contundencia, hace falta unidad, hace falta liderazgos nuevos para tiempos nuevos.

Quienes han logrado avances importantes son las organizaciones que se articulan regionalmente en base a una plataforma regional y, en algunos casos, con estructuras provinciales y distritales. Así tenemos a la Coordinadora Regional de Afectados por la Violencia Política de Ayacucho (CORAVIP), la Coordinadora Regional de Víctimas y Afectados por la Violencia Política de Apurímac (CROVAVPA), la Federación Regional de Asociaciones Víctimas de la Violencia Política de Huancavelica (FRAVIPH), y así tenemos otras tantas organizaciones en Puno, Cusco, La Libertad, Pasco, entre otras regiones, quienes han dinamizado la organización, logrando incorporar en la agenda regional el proceso de Verdad, Justicia y Reparación, además que representar importantes actores locales en los espacios de concertación.

El II Congreso Nacional de la CONAVIP convocado para este fin de mes se encuentra entonces en un escenario en el que los aportes locales y regionales marcan la pauta para lo que se debe hacer en adelante. No son las organizaciones de afectados por la violencia política por sí solas quienes avanzarán en el logro de la ansiada justicia, la reparación integral y la construcción de una memoria que los incluya.

Debemos tener en cuenta cada uno de los aportes. El diálogo con otras organizaciones de la sociedad, la concertación con los espacios públicos, el establecimiento de alianzas y tomar en cuenta los instrumentos (leyes) logrados para el proceso, todo ello, sin descuidar un horizonte mucho más amplio que es el de trabajar por una sociedad inclusiva, tolerante, que afirme la interculturalidad como una riqueza propia de nuestro país, conciente de que el logro del bienestar y la felicidad de todos y todas sólo es posible si las heridas sanan.

La CONAVIP tiene que mirar lo pendiente de la agenda post CVR, pero a la vez tiene el gran reto de lograr que los acuerdos que se tomen no sólo tengan en cuenta su condición de víctimas de la violencia, sino su condición de ciudadanos con derechos y que estos temas sean incorporados a una agenda mayor. Es necesario salir con la convicción de que es la sociedad en general la que tiene que asumir, de manera conjunta, la tarea de construcción de una memoria que respeta lo sucedido y a sus actores, un sistema de justicia capaz de encontrar la verdad y sancionar a los responsables de las graves violaciones a los derechos humanos y un Estado que asuma la reparación integral del daño causado.

No debemos olvidar el reto de fortalecer los procesos regionales en curso y trabajar por que los espacios de organización regional se institucionalicen. Debe aportarse a una articulación nacional que permita el desarrollo de una agenda con acciones de impacto nacional, con capacidad para la incidencia a fin de articular los avances en una política nacional para la implementación de las recomendaciones dejadas por la CVR y el Plan Nacional de Derechos Humanos.

Esta tarea no es sólo de las víctimas y sus familiares, es una tarea de la sociedad, de las organizaciones sociales, de las autoridades locales y regionales, quienes de manera conjunta demandan políticas al Estado que permitan cerrar cuanto antes esta dolorosa etapa.

En un año electoral, el Congreso de la CONAVIP debe tener en cuenta a los nuevos actores en la escena política. Muchos de ellos desconocen este proceso, a pesar de vivir en zonas que han sido afectadas por la violencia. Es una oportunidad para ser parte de este escenario, participando directamente, informando y sensibilizando sobre el tema, planteando la incorporación en las agendas, discursos y planes de gobierno de los candidatos a presidentes regionales y consejeros, así como en los distritos, para los alcaldes y regidores. Esta es una tarea de todos, en cada región.

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* Los artículos reflejan la opinión de sus autores y no necesariamente coinciden con la de Alerta Perú ni Forum Solidaridad Perú.

Sobre minas, sociedad de consumo, calentamiento global y una anécdota

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Bethsabé H, escritora y feminista

Tierra

Hemos vivido una fuerte protesta social encabezada por los dirigentes del valle del Tambo (Islay, Arequipa), en defensa de la tierra y en contra del más reciente proyecto de excavación minera de la Southern Perú. Es un tema que nos atañe a todos los peruanos y peruanas porque se trata de la protección y conservación de nuestras tierras, nuestra naturaleza y ecosistemas; pero que tiene un efecto directo e inmediato en la vida de los pobladores que viven cerca de las zonas en cuestión. Es también de interés de las personas que se han quedado detenidas debido a la toma de carreteras como medida de fuerza de quienes con sus acciones han logrado la suspensión del proyecto cuprífero Tía María; aunque a pesar de los inconvenientes para mí la protesta social es un derecho que debe ser respetado y respaldado por la población en general y no sancionado como han sugerido algunas autoridades.

Sin embargo, el tema debería ser también de nuestro interés en un nivel más personal y cotidiano. Las mineras tiene cada vez más urgencia de excavar por la demanda de minerales como materia prima de electrodomésticos, fibras ópticas, equipos de cómputo y una serie de objetos que han sido desarrollados por las nuevas tecnologías. Sin embargo, la mayoría de estos productos son reemplazados tan rápidamente como son obtenidos porque no responden a una necesidad sino más bien al estatus, la moda, la novedad, a lo que están representando como un modo de vida y no para atender una urgencia precisa. Es así que se tiran artefactos en perfecto estado por tener el último modelo, la última versión, la tecnología más actual, creando otro problema al ecosistema pues la mayoría de los insumos no son reciclables, tardan mucho en su degradación y hasta son tóxicos. Además de que todo esto ocurre a su vez en un macro contexto en el que hay millones de personas que no tienen lo suficiente para comer, que no tienen satisfechas sus necesidades básicas, que mueren por falta de las condiciones más elementales de vida.

Hace algunos años, los artefactos eran de por vida, más fuertes, más eficientes y funcionales; hoy en día son más decorativos, tienen menos tiempo de vida, son más baratos pero también menos resistentes. Cuando, por ejemplo, en una casa hay cinco televisores funcionando a la perfección habiendo sólo cuatro personas, es que algo anda mal. Hubo un momento en que la televisión fue un elemento de cohesión familiar, todos sentados alrededor del cuadrado gigante, opinando, comentando, cuestionando o asombrándose por lo que veían y hoy en día es un elemento de desunión, de individuación, la imposibilidad del diálogo, de la negociación para ver todos el mismo programa. Cada quien en lo suyo, con su control remoto y sin preguntarse de dónde salió la materia prima para todos esos televisores.

Todo esto nos debe hacer pensar -sin quitar ni un ápice las responsabilidades empresariales y especialmente aquellas de las mineras, quizá de las industrias más contaminantes de la actualidad-, pensar hasta qué punto hemos contribuido a la expansión de esta rama productiva que condena a hombres a la oscuridad de un socavón, a daños en su salud, sin contar un entorno social principalmente machista y despótico (recordemos El tungsteno de César Vallejo), por el consumo desmedido, por dejarnos guiar por las necesidades superfluas y no por el uso racional y sostenible de la tecnología. Todo lo que se produce a nuestro alrededor tiene como materia prima la naturaleza y parece que la consideramos invulnerable y eterna, pero no lo es y no lo será si cada quien no hace conciencia de su rol en la sociedad, de la postura ideológica, de la práctica ética, de la consideración ecológica necesaria para la continuación de la vida en el planeta.

La anécdota es que el día que yo nací, llegó a casa el extractor, por lo que en un sentido irónico puede ser mi hermano gemelo. Hoy, a sus 32 añitos bien vividos, siendo utilizado con asiduidad por todos los integrantes de la familia, desde mi abuela, mi abuelo y sus cinco hijos, luego mi mamá y mi papá, las distintas personas que han vivido en casa durante largas temporadas, familiares, amigos, visitas, empleadas del hogar; jamás ha tenido que ser reparado, su motor está como nuevo y sólo una vez hemos tenido que cambiar el enchufe porque hacía cortocircuito. El extractor ha visto pasar varios refrigeradores, televisores, hornos microondas, hornitos, cocinas, licuadoras, pero sigue fuerte, eficiente, jugoso, es como de la familia. ¿Hay necesidad de cambiarlo por uno de último modelo?

En un mundo como el nuestro, todo está relacionado y el consumo desmedido es parte de las razones de la grave crisis de la ecología mundial, el calentamiento global, las catástrofes naturales que se han extremado últimamente. Industrias como la minería, tan nefastas en tantos sentidos y siempre tan poderosas, son monstruos económicos basados entre muchos otros factores en nuestras prácticas consumistas.

Pensemos en una vida sin minería o con una minería sostenible, complementaria de normas de producción que obliguen a las industrias a hacer artefactos duraderos, a reemplazar tecnologías cuando sea necesario, a no cohabitar con más electrodomésticos que personas. Pensemos que quizá no podamos vivir sin la tecnología, pero a la larga la tierra se agotará, sus recursos mellarán y eso será un choque para nuestra sociedad, pero sobre todo para un mundo bello y maravilloso como el nuestro. Si no queremos llegar a esos extremos creo que tenemos que empezar por evaluar nuestra contribución al problema, sin desestimar la responsabilidad social y la codicia de industrias como ésta que sólo benefician a unos cuantos. Pensemos que la explotación, de personas o de la naturaleza, debe ser un delito, y que debemos proteger como derecho humano, el derecho al aire, al agua, a la tierra.

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* Los artículos reflejan la opinión de sus autores y no necesariamente coinciden con la de Alerta Perú ni Forum Solidaridad Perú.

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