Carlos Bedoya, Red Jubileo Perú
Tomado de la Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos (LATINDADD)
Escrito el 23/04/2010
Para nadie es un secreto que en el Perú se van a construir grandes centrales hidroeléctricas. La primera de ellas, la Central Hidroeléctrica de Inambari, ha causado el rechazo de sectores sociales y académicos, tanto en torno a sus impactos sociales y ambientales, como a la pésima negociación de nuestros recursos energéticos con Brasil.
La semana pasada, la Empresa de Generación Eléctrica Amazonas Sur (conformada por las empresas brasileñas, OAS, Furnas y la estatal Electrobras), que está a cargo del proyecto de la Central Hidroeléctrica de Inambari (Proyecto Inambari), informó a la opinión pública que en breve pedirá la prórroga de su concesión temporal al Ministerio de Energía y Minas, por no haber obtenido la licencia social que requiere un obra de esta magnitud, pues supone la reubicación de miles de personas.
Es que el paro preventivo de 48 horas, realizado en Puno a comienzos de marzo, dio la alerta con movilizaciones, ausencia de transporte y cierre total del comercio, del conflicto social que viene con una represa de las dimensiones que plantea construir la central hidroeléctrica más grande del Perú y la quinta en toda América Latina.
Son más de 40 mil hectáreas de bosque amazónico que se inundarán para obtener los 2000 megavatios de capacidad de generación de energía que promete Inambari, el doble de la Central Hidroeléctrica del Mantaro (la más grande del Perú hasta hoy).
Y si bien, es innegable garantizar la seguridad energética del Perú, los costos siempre deben ser menores que los beneficios y los proyectos como éste deben responder a una visión de país resguardando los intereses nacionales. Esto no es lo que ocurre con Inambari. Veamos.
Cero planificación
Hace apenas 6 días, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones aprobó el trazo alternativo para la Carretera Interoceánica Sur propuesto por Egasur. La razón se centra en que la represa necesaria para desarrollar el Proyecto Inambari, inundará 106.1 Km del lugar por donde pasan los tramos 2,3 y 4 de la, aún no concluida, carretera que nos unirá con Brasil.
Es como para reírnos de nosotros mismos constatar que estos dos megaproyectos de infraestructura de la Macroregión Sur no tienen la menor planificación estatal y ni siquiera se articulan entre sí. Mucho menos podremos tener alguna certeza de cómo es que ambas obras se enganchan a un plan de desarrollo del sur del país.
Si a esto agregamos que la carretera interoceánica sur no tuvo expediente técnico cuando se presupuesto en 810 millones de dólares, y luego terminó costando casi el doble, se nos presenta por lo menos una preocupación cuando vemos la premura y la ausencia de un debate transparente en el desarrollo de este proyecto, justificado en la imagen que proyecta una mega obra especialmente en alianza con un grande como Brasil. Y ojo que el Proyecto Inambari ya se ha calculado inicialmente en 4 mil millones de dólares. Costo que financiará Brasil pero que pagaremos los peruanos con la energía que allí se produzca.
Costos y beneficios
Según nos dijo el especialista Francisco Santa Cruz en la Conferencia Nacional de Desarrollo Social 2009, el 5% del proyecto Inambari ocupa la zona de amortiguamiento del Parque Natural Bahuaja Sonene y la deforestación de las 40 mil hectáreas de bosque tendrán efectos ambientales importantes, pues la modificación del cauce del Río Inambari y la remoción de tierras afectarán los procesos ecológicos.
Para el ingeniero Carlos Herrera Descalzi, los beneficios tienen que ver con la energía hidroeléctrica y los costos con los conflictos sociales y la pérdida de biodiversidad (desaparición de fauna y flora), al tiempo que perderemos millones en el mercado de carbono, creado en el marco de las acciones mundiales frente al cambio climático.
Y sabiendo que el Proyecto Inambari se hace en el marco de un acuerdo con Brasil, diversos especialistas, políticos y dirigentes sociales señalan que la negociación con el gigante sudamericano ha sido tan mala que nos deja a nosotros con los impactos ambientales y sociales, y al Brasil con beneficios colaterales y afianzamiento hidroeléctrico.
Negociación con Brasil
Brasil está construyendo dos Centrales Hidroeléctricas en el Río Madeira (Rondonia), llamadas San Antonio y Jirao. Ambas han generado continuos conflictos sociales, los mismos que no han sido tomados en cuenta para avanzar en este proyecto pues la capacidad de producir casi 6 mil megavatios de electricidad (entre las dos centrales) pesa más debido a la creciente demanda energética brasileña. De otro lado, proyecta la Central Hidroeléctrica de Belo Monte, en el río Xingú, en el estado de Pará, con una capacidad de generación de 10 mil megavatios. En este caso se ha desatado un gran conflicto y no hay como obtener licencia social, aunque como en el caso del Río Madeira, todo hacer pensar que se impondrá.
El analista Alberto Quintanilla, en su reciente artículo “Brasil quiere construir sus represas en el Perú” sostiene que las estas 3 centrales hidroeléctricas necesitan sistemas de afianzamiento hídrico, es decir de grandes represas adicionales de agua que ya no podrían construir en su territorio por la gran conflictividad social que generarían. En el caso de las represas del Rio Madeira, decidieron hacer las represas en Bolivia, pero el gobierno de Evo Morales no aceptó. En el Perú, la cosa cambió, pues las autoridades dieron luz verde desde el inicio.
Para este propósito en mayo del 2008, se firmó en Lima, el Convenio de Integración Energética entre Perú y Brasil a fin de evaluar proyectos para la exportación de energía del Perú hacia el Brasil y en abril del año pasado, en Río Branco, Brasil se firmó un Memorando de Entendimiento, para el desarrollo de los estudios de interconexión energética.
En resumen, se está proyectando la construcción de 6 centrales hidroeléctricas en territorio peruano a fin de abastecer de energía eléctrica al Brasil (Sumabeni, Paquitzapango, Vizcatán, Cuquipampa, Inambari y Urubamba). Y como se desprende de la experiencia peruana para tratar con la inversión extranjera en los últimos años, no pocos entendidos han alertado del riesgo de terminar entregando recursos energéticos a perpetuidad al Brasil.
En primer lugar porque el sistema de construcción de hidroeléctricas en el Perú, que está pensado para centrales de 100 megavatios más o menos, supone una concesión perpetua, incluido derecho de agua, a favor de la empresa que construye la obra. Lo que es muy peligroso para el caso de Inambari, tanto por su capacidad de generación de energía (mil megavatios) como porque se trata de un proyecto de exportación. Además el consorcio concesionario “Egasur”, está formado por tres empresas brasileñas y una de ellas la estatal de la electricidad: Electrobras. Es decir, le entregamos a Brasil la central Hidroeléctrica Inambari a perpetuidad con este esquema y nuestra empresa estatal ElectroPerú queda fuera del negocio.
En segundo lugar, el supuesto de que el proyecto se paga solo, tiene algunas observaciones, si es que nos fijamos en el caso de la Central Hidroeléctrica de Itaipú (entre Paraguay y Brasil), en donde luego de 20 años, la deuda que generó su construcción se incrementó en miles de millones debido a que Paraguay está obligado a vender energía solo a Brasil a un precio mínimo, y por cierto a quien debe por la construcción de la obra.
Por ello es urgente definir una política hidroenergética y un Plan Nacional de Energía como ha propuesto el coordinador del Foro Ciudadano Sobernía Energética, Manuel Dammert.
Finalmente y luego de este breve panorama, nos preguntamos si es que el Perú necesita sí o sí el proyecto de Inambari, si es que tenemos otras opciones para garantizar nuestra seguridad energética o por lo menos debemos pensar mejor antes de vender los recursos de las siguientes generaciones.
Sin duda esto es parte de un debate público en el que, todo indica, nuestras autoridades no están para nada interesadas.
Últimas noticias de Inambari
9 de abril: El Ministerio de Energía y Minas señaló que el plazo de ampliación solicitado por la Empresa de Generación Eléctrica Amazonas Sur (Egasur) está previsto en el reglamento de la Ley de Concesiones Eléctricas, al mismo tiempo que aprobó el nuevo trazo para la Interoceánica Sur propuesto por Egasur, a fin de evitar que un tramo de dicha vía se inunde por la construcción del proyecto energético.
8 de abril: representantes de Egasur dijeron que solicitarán al Ministerio de Energía y Minas la prórroga de la concesión temporal del proyecto de generación hidroeléctrica de Inambari, al no haber obtenido la licencia social. Asimismo, señalaron que pagarían 200 millones de dólares como compensación por los impactos que generaría la ejecución de la obra.
23 de marzo: la construcción de la central hidroeléctrica de Inambari, cuya potencia instalada se estima en 2,200 megavatios sólo avanzará y será viable si el proyecto cuenta con la licencia social y ambiental de la población ubicada en la zona de influencia, según el Ministerio de Energía y Minas.
5 de marzo: Las actividades en Puno empiezan a retornar de forma paulatina a la normalidad tras culminar el paro de 48 horas convocado por gremios locales en rechazo al proyecto de la central hidroeléctrica de Inambari.
4 de marzo: Pobladores del distrito de San Gabán, en la provincia de Carabaya, llegaron a la ciudad de Puno en movilización como parte del paro de 48 horas en contra del proyecto de la central hidroeléctrica de Inambari.
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* Los artículos reflejan la opinión de sus autores y no necesariamente coinciden con la de Alerta Perú ni Forum Solidaridad Perú.
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